La Sudáfrica Que Conocí
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Publicado en el diario La Razón,de Lima-Perú, el 23 de junio de 2010
La Sudáfrica que conocÃ
El Látigo del Rufus
Por Ricardo Sánchez-Serra*
Ahora que vemos imágenes de Sudáfrica debido al mundial de fútbol y la alegrÃa de su pueblo, bailes y tribunas compartidos entre negros y blancos y partes de algunas ciudades, vuelve a nuestro recuerdo un histórico y memorable viaje que realizamos a ese paÃs a mediados de la década de los ´80, en pleno sistema del “apartheid” (desarrollo separado de razas).
Estuvimos un mes paseando por diversas ciudades como la capital Johannesburgo, Soweto, Pretoria, Port Elizabeth, Durban y Ciudad del Cabo. Además, nos quedamos unos dÃas en el inolvidable parque de Sabi-Sabi -una reserva privada de animales-, dormimos en unos bungalows estilo tribal, escuchando los rugidos de los leones y los graznidos de las aves.
Luego, en horas de la tarde, hicimos un safari, pero de fotos. Vimos como libremente atravesaban las pistas las jirafas y jabalÃes con sus crÃas, observamos a un elefante -a unos 80 metros- furioso barritando fuertemente, golpeándose contra un árbol y provocando una gran nube de polvo. Nos fuimos rápido de allÃ, porque a ese mamÃfero, en estado nervioso, lo consideran el animal más temido.
También nos acercamos a unos juguetones cachorros de león, mientras su padre echado nos miraba, hasta que la madre sorpresivamente saltó de un árbol y se interpuso en nuestro camino, zigzagueando en actitud de defensa (o ataque), por lo que por megáfono nos recomendaron no correr y retroceder paso a paso hasta llegar a los jeeps. El papá león, acababa de comer, sino nosotros hubiéramos sido su almuerzo.
Además, nos invitaron a un coliseo para observar las danzas tÃpicas, ingresamos a una mina de oro, viendo cómo fundÃan los lingotes; y visitamos un museo militar, en donde exhibÃan tanques y aviones capturados a los nazis en la Segunda Guerra Mundial (los sudafricanos lucharon con los aliados).
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Recuerdo que almorzamos carne de avestruz y springbok, una especie de gacela autóctona -sÃmbolo de Sudáfrica-, platos muy deliciosos. Añoramos el ajÃ, que afortunadamente nos fue proveÃdo por unos turistas argentinos. Era un ajà de color verde, en forma de canica, que sólo picaba y no tenÃa ningún sabor. Y cenamos en un restaurante chino, con platos desconocidos para nuestra gastronomÃa, extrañando mucho el arroz chaufa y, en general, nuestra sazón.
Todas las ciudades, eran muy hermosas y conservaban la tradición arquitectónica europea, en especial la holandesa. Soweto, en cambio, era un suburbio pobre y sucio. A la salida del hotel en el cual me hospedaba en Pretoria, nos llamó la atención un curioso aviso que decÃa “rent a girl” (la foto la pueden ver en nuestro facebook).
Al regresar a Lima, hicimos una crónica de mi viaje publicando artÃculos en los diarios La Prensa (gracias Arnoldo Zamora, qepd) y La Noticia (gracias F. J. del Solar). Una nota que trataba sobre un negro millonario fue duramente criticada por mi amigo Diego Gonzales, qepd y otra me fue plagiada âsalvo el párrafo inicial y final- en un importante diario limeño.
Sudáfrica, ¿paÃs viable?
En ese momento pensábamos que sin ese férreo orden que imponÃa el sistema del apartheid, Sudáfrica era inviable como paÃs. Algo asà como la dictadura de Tito, que mantenÃa unida despiadadamente a Yugoslavia. Murió Tito y ya conocemos el desenlace.
Motivaba nuestro juicio acerca de Sudáfrica, porque el paÃs estaba fraccionado en blancos, negros y mestizos. Los blancos, que detentaban el poder, estaban separados en los descendientes de ingleses y los afrikáners (hombres de Ãfrica) descendientes de holandeses, alemanes y franceses, quienes instauraron el odioso apartheid.
Ãste tiene su origen en la reforma religiosa de Lutero y Calvino en Europa. Colonos holandeses, que profesaban las creencias de la Iglesia Reformada Holandesa, y con la influencia de los hugonotes, no sólo creÃan, sino estaban convencidos que los negros eran sus esclavos, porque asà lo ordenaba la Biblia. E invocaban trivialmente algunos versÃculos del Génesis: Cam (moreno) ve beodo y desnudo a su padre Noé y se lo cuenta a sus hermanos, éste lo maldice y lo condena a ser sirviente de su hermano Sem (blanco).
Otros, más radicales, sostenÃan que los negros no tenÃan alma, en consecuencia no eran personas.
Nos invitaron a visitar el laboratorio de la Universidad de Johannesburgo, en donde un cientÃfico quiso convencernos que los negros eran inferiores a los blancos, debido a que su cavidad craneana era más pequeña, por lo que tenÃan menos neuronas y por tanto eran menos inteligentes. ¡InverosÃmil!
El genial escritor James A. Michener, en su obra “La Alianza” (“The Covenant”) mencionaba que la pureza de sangre estaba impregnada en la sociedad afrikáner: “los pueblos mestizos debÃan ser implacablemente excluidos de la vida nacional. No sólo se les prohibÃa entremezclarse socialmente con los blancos; se les separó también económica, profesional y creativamente, hasta que la pérdida para la nación fue incalculable”.
Cuenta el caso de la niña Petra Albertyn, estudiante brillante de un prestigioso colegio afrikáner y que ganó el concurso de matemáticas, superando a su amiga Minna. La madre de la perdedora miró enfurecida y detenidamente a la niña. Y la denunció, ante el tribunal racial, de ser “mestiza”, porque si bien era blanca, pese al sol no tenÃa pecas. En esa sociedad era una acusación aterradora, pues si una mestiza se hacÃa pasar por blanca, era inmoral e ilegal.
A Petra, de 9 años de edad, la hicieron desnudar âle miraron el triángulo de la base de la columna vertebral (si era oscuro tenÃa sangre bantú)-, que era normal, le examinaron los lóbulos de las orejas, las lúnulas de la base de las uñas, vieron su forma de andar. Le hicieron la prueba de lápiz en el vello de la mano. FÃsicamente no le encontraron nada.
El tribunal racial, luego de una escrupulosa investigación de su genealogÃa, señalaron que estaba contaminada, porque un antepasado ocho o más generaciones atrás, en l694, fue un esclavo que se casó con una blanca, y la sentenciaron clasificándola como mestiza. La expulsaron del colegio. A su padre lo despidieron del trabajo (porque su puesto era “sólo para blancos”) y los botaron de su vivienda. Tuvieron que irse a vivir a un peligroso suburbio para mestizos. Los Albertyn pensaron en el suicidioâ¦
Diez tribus que van por su propio camino
Los negros, a su vez, estaban divididos en 10 tribus, siendo la mayoritaria la zulú âcuya gente es alta y soberbia-, orgullosa de Shaka, su famoso rey del siglo XIX. La enemistad entre ellos era (o es) irreconciliable. Conversando con el lÃder de la etnia Xhosa, la segunda tribu más numerosa âde la que proviene Nelson Mandela-, nos señalaba que jamás podÃan ser gobernados por los zulúes, porque ellos deberÃan ser sus esclavos. Motivaba su razonamiento en que las tribus descendÃan de la tribu madre Nguni, cuya tradición religiosa les ordenaba hacerse la circuncisión. Los zulúes habÃan dejado de hacerla, por lo que de acuerdo a su costumbre, no podÃan casarse; el hermano mayor pasaba a ser el último de los hermanos y por tanto el servidor de todos, entre otras. Todas las tribus odiaban, por tanto, a la zulú.
Aparte de la segregación de los mestizos, malayos e indios; otro grupo, integrado por cientos de miles de personas, eran los desterrados y los que habÃan desertado de sus tribus, que eran los más violentos. Se asentaron mayoritariamente en Soweto. Entonces, con tanta fragmentación, ¿cómo podÃa Sudáfrica constituirse en una nación?
Por muchos años, estuvimos contentos porque nuestro razonamiento parecÃa equivocado, luego que Nelson Mandela âlÃder del Congreso Nacional Africano- llega al poder y con tolerancia y diálogo busca la reconciliación, y “una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonÃa e igualdad de oportunidades.”
Pero, hasta poco antes de iniciarse el mundial, que apaciguó al paÃs momentáneamente, las protestas y la violencia llegaron a lÃmites intolerables, con el más alto Ãndice de criminalidad en el mundo. Los gobiernos post-apartheid tuvieron progresos con la polÃtica de vivienda, pero la reforma agraria continúa muy lenta. La desigualdad entre las clases sociales es muy grande. Un millón de blancos ya se han ido del paÃs (les ordenan vender sus tierras o las expropian), pues ahora han decretado muchos puestos de trabajo sólo para los negros.
El caos hace pensar que la nación se va indefectiblemente a la guerra civil. ¿Podrá Sudáfrica sobrevivir a estos embates?
*Periodista. Miembro de la Asociación de la Prensa Extranjera.
Email: sanchez-serra9416@hotmail.com
Blog: http://rsanchezserra.blogspot.com/
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